Home

galeria_pajaro

El anuncio de una posible fusión entre expresiones políticas de centroizquierda para la conformación de un nuevo partido, ha renovado expectativas y entusiasmos entre quienes creemos en la posibilidad –y urgencia– de materializar una política de fervoroso progresismo verde, comprometido con reivindicaciones del siglo XXI.

Probablemente ni verdes, ni progresistas, ni los de compromiso ciudadano tengan insuperables diferencias ideológicas para ponerse de acuerdo en principios fundamentales de ideario y acciones programáticas como la defensa de lo público y lo ambiental. Seguramente también reconozcan legítimas batallas ganadas por diferentes movimientos sociales y el desfallecimiento de doctrinas y sistemas de pensamiento que más que paz y progreso, han generado odios y cada vez menos identidad.

Unos y otros han avanzado con agendas de gobierno capaces de incorporar reclamos de algunas de las llamadas nuevas ciudadanías y parecen estar dispuestos a seguir transformando la agenda que durante años ha regido al poder político tradicional. Ojalá logren hacer unidad.

Pero la expectativa y el entusiasmo tienen que ver con algo más. Por sus condiciones de posibilidad, este nuevo partido tiene la oportunidad histórica de agenciar una transformación en los contenidos y derroteros de la política, haciendo suyos los cambios que pide el planeta. No a medias tintas, como el peligroso ambientalismo de la ecoeficiencia, sino mediante la decidida asunción de los planteamientos de la ecología política que hace de los derechos de la naturaleza la vertebración de lo político.

Quienes defendemos el reconocimiento de derechos a los animales –a gozar de una vida plena, a no padecer dolor ni sufrimiento causados por el ser humano, a vivir conforme a sus capacidades y en las condiciones propias de cada especie– planteamos en cada una de nuestras reivindicaciones desafíos a los consensos dominantes sobre nuestro lugar en el mundo.

Una nueva forma de relación con los seres sintientes no humanos basada en el respeto y la expansión de la comunidad moral y política para incorporar a agentes no representados, son algunos de los reclamos que subyacen a la denuncia de la violencia e injusticia que se ejercen contra los animales en espectáculos de circo, corridas de toros, peleas de gallos, comercio, industria de pieles, experimentación, explotación laboral y tantos otros escenarios a los que nos hemos habituado a fuerza de la irreflexión y la costumbre (de no ver en el otro un ser que siente).

Por ello, si este nuevo partido está jugado con un nuevo pensamiento político verde y progresista, orientado a cambios esenciales en el ámbito de la organización social y de las actitudes respecto al mundo natural no humano, es de esperar que incluya en su ideario y compromiso programático la defensa de los derechos de los animales –no de la mera protección compasiva ni de las tibias reformas– que es también la defensa de lo que nos hace humanos y de una cultura de la paz.

Incluso, es de esperar que un partido del siglo XXI introduzca el debate sobre los graves perjuicios de la industria cárnica que, además de arrasar anualmente con la vida de 6 mil millones de animales sometidos a las más crueles condiciones de vida y plantear una forma de alimentación insostenible e injusta con los más empobrecidos, está acabando con el planeta.

Estoy segura de que no somos pocos quienes esperamos una tercería y una alternativa seria al poder político. Sin embargo, un nuevo partido sólo estará dado por su capacidad de recoger, atender y materializar las reivindicaciones de su tiempo.

Anuncios