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Siempre he sido Petrista; jamás militante de un partido, menos aún seguidora de las formas convencionales de la política, pero sí activista con pleno entendimiento de lo político y de la urgente necesidad de transformarlo para reivindicar los derechos de los animales y construir, por allí, otro sendero para la Paz.

El 19 de octubre de 2011, en el Chorro de Quevedo, firmamos con Petro el “Pacto animalista” e hicimos la adopción de Bacatá. El entonces candidato ya venía difundiendo los postulados de un pensamiento político progresista y proponiendo una nueva agenda para una ciudad desbordada en diversidad y en reivindicaciones de nuevos derechos, fatigada, como la nuestra, de tanto gobernante humanista guardián del orden de las cosas.

Y es que Petro llegó con una promesa. Convencido de su discurso sobre los derechos de la naturaleza, hablando de una política del amor, invitándonos a construir una nueva ciudadanía biocéntrica y respetuosa de lo público, escuchando a quienes teníamos qué decir sobre los derechos de los animales, el reciclaje, las formas no contaminantes de movilizarnos (la bici!) y otras maneras de vivir y habitar la ciudad en el sano disfrute de la diferencia y la creatividad, se prestó a construir, con nuestras ganas y  experiencia, una política para el siglo XXI.

Con Petro, un activista en la Alcaldía, incluimos por primera vez la protección animal en el plan de desarrollo y le asignamos presupuesto, suspendimos las corridas de toros después de 82 años de barbarie, sustituimos los vehículos de tracción animal que hasta entonces parecía imposible, iniciamos la formulación de la política pública de protección y bienestar animal, suspendimos los permisos a circos con animales antes que se promulgara la ley nacional, firmamos el decreto para la creación del centro ecológico para animales domésticos tras años de borradores y cabildeo, mejoramos el programa de control de natalidad de perros y gatos, y estamos avanzando en otros procesos que el alcalde bien ha sabido liderar con nuestro agenciamiento. AnimaNaturalis creó el Pacto Animalista y hoy decimos con autoridad: el balance es bueno… debemos continuar.

Es con todo ello que quieren acabar. La reivindicación de los derechos animales siempre ha incomodado a los tiranos, tanto como la de los humanos. Los destituidores e inhabilitadores jamás han entendido –nunca lo harán – el discurso de la justicia y del buen vivir para todos. La ideología del colonizador, ajustada a nuestra tiempo, permanece anclada en sus principios, y si acaso se acuerdan del pobre, es para proveerle pan y circo, como hoy hacen con las corridas de toros gratuitas, o para mantenerlo en su pobreza a cambio de mejoras en su condición. Entender que los derechos de todos los seres vivos son compatibles e igual de importantes, está lejos de ser una realidad para quienes históricamente han manejado el país y hoy ven, con ira y asombro, como crece el progresismo –de ideario, no de partido– entre el pueblo al que siempre han menospreciado.

No podemos permitir que Petro se vaya, y si acaso hay que hacerlo por tramposas leguleyadas, debemos garantizar que la Bogotá Humana continúe y sus principios irradien todo el país.

Hoy algunos quieren tomar las banderas del animalismo, bienvenidos sean de todos los partidos! Otros quieren treparse y atribuirse resultados que no han ayudado a conseguir, aún amparados en partidos-promesa. En cualquier caso, es momento de trabajar, de insistir, de llevar adelante el proceso transformador que inició Petro en el gobierno, cuya fuerza imbatible nos corresponde defender y proteger… como a los animales.

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