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tigre

Publicada en Semana.com
[Febrero 19 de 2015]

Tras pasar por el foro legislativo, administrativo y judicial, el movimiento social animalista debe regresar a las calles. La Consulta Popular por los toros tiene que hacerse, pero sin el afán y los intereses de un año electoral.

Con el fallo de la Corte que avala el regreso de las corridas de toros a Bogotá, mediante argumentos de arraigo cultural y pérdida de autonomía territorial, a muchos nos quedan claras dos lecciones: primera, que el vanguardismo jurídico no le dio al alto tribunal en este tema para abrir nuevas fronteras de derechos constitucionales; segunda, que el movimiento animalista debe regresar con su aliado natural: el ciudadano, para reivindicar su lucha, que es ante todo social.

La propuesta de llevar a cabo una Consulta Popular Antitaurina va tomando fondo y forma. Hoy vemos en ella la oportunidad de profundizar la democracia en un tema que, sin duda, hace parte de las grandes revoluciones morales de nuestro siglo, y a varios candidatos y candidatas a la alcaldía de Bogotá les suena la propuesta de dirimir el debate de los toros en las urnas y abanderar un ejercicio de democracia participativa y soberanía popular.

Sin embargo, es un tema que requiere de la filigrana del derecho y el frio análisis político: aquella, para construir una pregunta legítima y legal que no fallezca en la puerta del Tribunal Administrativo de Cundinamarca; éste, para soportar los embates de un Concejo (ojalá renovado) que jamás dejará de ejercer su legítimo control. Pero además, es un tema que requiere de los más amplios consensos y escenarios de participación ciudadana.

Por ello, no deja de sorprender un cierto afán en la alcaldía por presentar un proyecto de acuerdo pro Consulta, carente de representatividad y experticia jurídica, que más parece una estrategia de campaña.

¿Habrá calculado este gobierno el desgaste que le causaría a la Consulta el presentarla ante un Concejo que por tres años le ha profesado animadversión? ¿Cuál es la prisa por presentar un proyecto de esta naturaleza en año electoral? ¿Quiénes ganan? En cualquier caso, el mayor riesgo es para los animales. Quienes la presenten no tienen nada que perder y sí mucho que ganar, en lo electoral, sirviéndose del alto posicionamiento de la defensa de los animales en el debate social.

Una claridad para concluir: el movimiento animalista debe honrar su activismo e independencia, carácter social y pluralista, llevando su reivindicación a todos los partidos. Sin embargo, en el caso improbable de que el Concejo le apruebe al gobierno la Consulta, seremos los primeros en apoyarla.

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