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lagarto

Publicada en Publimetro Colombia
[Mayo 26 de 2015]

El video del rescate de un perro arrastrado por la avalancha en Salgar, causó conmoción. La actitud de Jeison y de sus compañeros de la Policía fue la de seres compasivos que reaccionaron por empatía y con inteligencia ante el peligro que corría la vida de un prójimo. Lo que hicieron al sacarlo del agua, asfixiado, fue un acto de bondad que evocó en mí imágenes de mujeres indígenas amamantando animales. Príncipe, como fue bautizado, recibió de estos hombres respiración boca a boca, masajes en el pecho y caricias que le devolvieron la vida. Hoy, aunque aún temeroso, Príncipe vive, y si pudiera hablar, seguro contaría que la tragedia y el amor partieron su vida en dos.

En medio del dolor que causan, las tragedias tienen la virtud de sacar lo mejor de nosotros mismos. Quizás porque nos llevan al plano de la supervivencia donde pierden su utilidad las arrogancias y los prejuicios que nos alejan de lo esencial. Quizás porque nos sintonizan en una misma frecuencia de sufrimiento y necesidades que nos permiten reconocer las mismas experiencias en los demás. Quizás porque, entonces, somos más animales.

Decenas de valientes y entusiastas voluntarios de Medellín y otros municipios de Antioquia se han hecho presentes para salvar a los que aún puedan ser salvados. En medio de cementerios de vacas, gallinas, cerdos, caballos, burros, perros, gatos y de la microfauna, que también respiraba, se han puesto manos a la obra para limpiar heridas, hacer vendajes, inyectar sueros y abrazar a los que aún son huidizos por el miedo que les dejó la avalancha y años de abandono.

A esos guerreros de organizaciones como Manejo Humanitario de Fauna Callejera y AnimaNaturalis, entre otras que llegaron cargadas de alimento y medicinas donados por quienes atendieron los llamados de ayuda, hoy extiendo el agradecimiento de los miles de colombianos que, cuando supimos de lo ocurrido, también pensamos en los animales. Cientos murieron encerrados en establos.

Gracias a ellos, algunos animales que sufrieron fracturas y lesiones graves están siendo atendidos. Otros tienen miedo y estrés, pero manos amigas les ayudarán a recuperar la confianza. Las heridas de Candy (perra) y Sofía (gata) serán más difíciles de sanar porque, en vez de los huesos, lo que se les rompió fue el corazón: una perdió a su familia humana y a otra su cría. A los gaticos los arrastró la avalancha.

Lo cierto es que de no ser por estas personas, los animales de Salgar no habrían tenido ninguna oportunidad. Es la hora en que la gobernación de Antioquia no ha brindado ni un bulto de alimento para los animales, como parte de las ayudas humanitarias; menos aún, un servicio veterinario básico que soporte la ingente labor de los voluntarios. Ni por deber ni por compasión se ha hecho presente, pese a promesas de campaña. Probablemente, porque en estas esferas los conteos de tragedias siguen haciéndose solamente en términos de víctimas humanas y daños materiales.

Pero el gobierno aún tiene chance de actuar. Los costos económicos para recuperar a los animales que fueron rescatados son elevados y muchos de los huyeron, aterrorizados, empiezan a regresar. De nuevo, es momento de ayudar.

* Contactos en Salgar: Julieth Velásquez cel. 3013243924 y Eduardo Paneso cel. 3172567191. UMATA: 8442330. Contacto en Medellín: Juan Jiménez cel. 3002492488.

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