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lagarto

Publicada en Publimetro Colombia
[Junio 3 de 2015]

Este gobierno nacional, al que muchos apoyaron por su compromiso con la paz, no deja de sorprendernos por su desprecio a la vida no humana. Hace un par de semanas conocimos un Plan de Desarrollo que, si bien habla de la protección a los animales, como gran favor, no les deja un solo peso para financiar ni una esterilización. En suma, politiquería. Dicho con elegancia, mera retórica. Ahora, el Congreso debate un proyecto de ley, de autoría del gobierno, para sancionar un nuevo código de policía en el que los animales parecieran nuestros enemigos.

En un primer artículo que, por su título debería ser favorable a los intereses de los animales, la expresión más amable es: “tratarlos con consideración”. De resto, son llamados a tener cuidado por su peligrosidad, a evitar que causen daños a las personas o a sus bienes, y a minimizar nuestros riesgos de infección por el contacto con ellos.

En seguida, se lee una reiteración de los mismos literales que hoy dormitan en el Estatuto Nacional de Protección Animal, sin ninguna aplicación. La diferencia es que en aquel al menos son considerados actos de crueldad. En este proyecto, tan sólo comportamientos que afectan a los animales, así se trate de cogerlos como tiro al blanco.

Por supuesto, no podía faltar el infaltable capítulo de perros potencialmente peligrosos, cuyas indicaciones son: amarrarlos, embozalarlos, encerrarlos, como si de delincuentes se tratara, y no de compañeros que requieren de cuidados especiales. Si son bravos, cuando lo son, es porque han tenido la mala suerte de caer en manos de humanos potencialmente peligrosos ¡Es tras ellos que debería ir el código!

No bastando con esto, hay un capítulo llamado “comportamientos que ponen en riesgo la convivencia por la tenencia de animales”, cuyo contenido no es menos criminalizador: animales feroces o dañinos, animales que atacan, animales que causan daño a las personas, son algunas de las referencias que se leen en él.

En cambio, en esta iniciativa el gobierno sigue autorizando la tracción animal con fines tradicionales o recreativos (cabalgatas con borrachos), turísticos (infamia cartagenera) o como medio de transporte en municipios con menos de cien mil habitantes. Ni más ni menos lo que hay hoy.

Y cuando el gobierno al fin pareciera reconocer una de las mil tragedias que padecen los animales día a día en nuestro país, ordenando la creación de cosos o centros de bienestar animal para los incautados (por ningún lado dice rescatados), agrega que los que no sean adoptados, rematados o adjudicados –como muebles– al término de 30 días, serán eliminados mediante sacrifico eutanásico. O sea: embozalados o muertos.

Por cierto ¿con qué se harán los albergues? Claro ¡a qué acciones del Plan se les iba a asignar presupuesto si nada quedó! Para hacer algo decente por los animales en el país necesitaríamos al menos 600 mil millones en el cuatrenio, es decir, el 0.4% del presupuesto nacional, que es lo que Medellín le destina a los animales de su presupuesto cuatrienal.

Definitivamente con este gobierno, que en campaña embolató a más de uno, seguimos lejos de aspirar a un trato justo con los animales.

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