Home

lagarto

Publicada en Publimetro Colombia
[Junio 24 de 2015]

Esta semana conocimos la “Carta Encíclica ‘Laudato Sí’ del Santo Padre Francisco sobre el Cuidado de la Casa Común”. El optimismo se apoderó de muchos convencidos de ‘lo ambiental’, por ser el Papa quien hoy dice lo que expertos vienen advirtiendo pero nos hemos negado a escuchar. Y es que no es para menos. Que la máxima autoridad moral de la iglesia católica diga que a la Tierra la está matando la locura del capitalismo y el consumismo (o el uso irresponsable y el abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella), tiene la importancia de un imperativo moral. No soy fiel del orbe católico, pero desde que el Papa Francisco se nombró como lo hizo, confieso que esperé un pronunciamiento digno del de Asís.

La referencia a los animales en la Encíclica no supera las diez menciones. La mayoría de ellas están en la línea del conservacionismo antropocentrista, es decir, le dan luz verde a su uso, pero con mesura y sin sevicia. Aún así, creo que ayudan almenos a ponerle un palo moral a la rueda de quienes actúan como capataces tiranos de la Tierra. ¡Lástima que el Papa insista en el creacionismo! Con tanta mención que hace a la ciencia, es una pena que en su Encíclica la teoría evolucionista permanezca en la oscuridad.

Del texto, vale la pena resaltar una idea profunda y audaz. A propósito de la ‘comunión universal’, reza el numeral 92: “El corazón es uno solo, y la misma miseria que lleva a maltratar a un animal no tarda en manifestarse en la relación con las demás personas”. Esta idea debería causarle retorcijón de conciencia a más de un gobernante, científico, empresario, aficionado y feligres.

Pero a la que más duro le cae el guante es a la misma iglesia católica que ha autorizado masacres de animales en nombre de una letanía de santos y guardado silencio ante actitudes nazis de algunos de sus sacerdotes. Caso reciente del cura Bernardo Bastres de Chile que pidió una “solución final” para la invasión de perros callejeros o del de la iglesia de San Martín de Porras de Bucaramanga, Alfonso Dueñas, que desde el púlpito mandó a los gatos a la hoguera… y así se hizo. O para subirle el estrato, el del exrector de la universidad javeriana, Joaquín Sánchez, que durante años ofició como capellán de la plaza de la Santamaría bendiciendo masacres taurinas.

¡Y ni qué decir de las vírgenes y santas mentadas en cuanta carnicería! Santa efigenia en las comilonas de gatos en Perú, la virgen de la peña en el toro de la vega en España o la de la macarena en los festejos taurinos de Medellín. Y el pobre san Huberto de Lejía que, tras haber renunciado a la caza por un encuentro con Dios, se convirtió en el santo patrón de los cazadores en una de las más crueles ironías del folclor religioso.

Quiera Dios que la Encíclica del Papa Francisco ayude también a poner en orden la iglesia y sus curas no sigan ofreciendo corderos al Dios voraz que habita en sus corazones.

Anuncios