Home

lagarto

Publicada en Publimetro Colombia
[Septiembre 2 de 2015]

La consulta popular antitaurina llegó a un punto al que muchos creímos improbable en este gobierno y con el actual Concejo de Bogotá. Habiendo surtido las etapas de ley –concepto favorable del cabildo distrital y aval de constitucionalidad del Tribunal de Cundinamarca– hoy la Registraduría se prepara para incluir un nuevo tarjetón en la jornada electoral del 25 de octubre. Pese a haber alegado afanosamente que no había tiempo ni plata, debe acatar.

La jornada se haría en esa fecha si los taurinos no consiguen que su estrategia de “tutelatón” –útil tanto para la izquierda como para la derecha– dilate la iniciativa popular.

En caso que prosperara esta investida ante el Consejo de Estado, la votación tendría que hacerse, quizás, en otro momento. Y aunque los recursos son un tema álgido, pero la democracia cuesta, lo que sí sería un reto es superar los altos niveles de abstención en Bogotá.

En el peor de los escenarios, si la consulta se cayera, los desafíos para el nuevo alcalde o alcaldesa serían: viabilizar la propuesta ante un nuevo Concejo Distrital, ojalá joven y renovado; lograr un proceso incluyente, y formular una pregunta más asertiva que la actual, con menos cara de encuesta y con la guía de constitucionalistas versados en mecanismos de participación. De lo que no cabe duda, en tal escenario, es que valdría la pena insistir en una consulta popular; eso sí, sin cerrase a otras opciones legales, políticas y populares de lucha. Los animales merecen todos nuestros esfuerzos y la mayor capacidad imaginativa de la que seamos capaces para garantizarles su derecho a vivir (y morir) en paz.

Pero quedémonos en el escenario más optimista y avancemos sobre el anhelo de que el 25 de octubre los bogotanos tengamos la oportunidad de responder a la pregunta: si estamos de acuerdo, o no, con que se sigan realizando corridas de toros y novilladas en Bogotá.

Para que la consulta sea válida y su resultado favorezca el interés de los toros, se requiere que la tercera parte del censo electoral de Bogotá asista a las urnas, es decir, alrededor de 1 millón 800 mil personas, y que de ese porcentaje la mitad más uno vote por el NO, o sea, un aproximado de 900 mil votos. No es un reto fácil lograr estos umbrales, pero más me inquieta el ciudadano que, siendo contrario a las corridas de toros, e incluso detestándolas por razones morales, siente un sinsabor por la idea taurina de que la consulta aplastaría minorías y es inadecuada porque versa sobre gustos personales.

Primero, los taurinos no son una minoría constitucionalmente protegida porque la afición a los toros no es un derecho fundamental. Segundo, la violencia contra los animales nos afecta a todos y su protección nos compete por ellos mismos y por nuestra propia humanidad. Proteger el derecho de los animales a no ser martirizados en espectáculos es más relevante que la afición de unos pocos a matar.

Anuncios