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lagarto

Publicada en Publimetro Colombia
[Septiembre 16 de 2015]

No es fácil definir la sensación que deja la película más impresionante que se haya hecho jamás sobre la vida no humana en nuestro país. “Colombia Magia Salvaje” es, a la vez, un homenaje a la majestuosidad de la naturaleza y un reproche al bípedo-bárbaro que un día decidió arrasarla. Como una pesadilla o un mal recuerdo, escenas de muerte y desolación causadas por el hombre irrumpen, en una parte de la película, en medio de imágenes de exuberantes verdores y animales extraordinarios que parecieran conectados con la espiritualidad.

“Colombia Magia Salvaje” lleva al espectador a un recorrido por veinte ecosistemas de nuestro país, donde los animales y sus asombrosos repertorios conductuales dotados de emociones, inteligencia, sensibilidad y algo más profundo que trasciende lo perceptible, del orden de la divinidad y la armonía universal, confrontan nuestra arrogancia y estatus de amos y señores del universo.

¿En qué momento decidimos que no éramos animales y creyéndonos dioses nos atribuimos el derecho de llamar “recurso” a las otras criaturas y formas de vida, con los peligros que esta denominación conlleva y hoy se materializan en la peor de las crisis plantearias? ¿Cómo fue que llegamos a ver en los animales objetos de consumo y apropiación y a preferir el cemento y el delirante desarrollismo a la imponente belleza de la naturaleza? Quizás sea cierto que somos una especie inviable. Nuestra insaciabilidad nos ha vuelto locos.

Todos deberíamos regalarnos el placer de ver esta extraordinaria producción colombiana, con el propósito adicional y más importante de implementar cambios urgentes en nuestras maneras de vivir.

Lamento por ello que la referencia a la ganadería, una de las principales causantes de las tragedias ambientales que vivimos, incluyendo sequías, deforestación, contaminación de fuentes hídricas, extinción de especies de animales y emisión de venenos que queman e intoxican la tierra, sea tan tímida en una producción de elevado contenido ambiental. Un pecado semejante al que cometió Al Gore, ex vicepresidente de los Estados Unidos, con su celebre documental “Una verdad inconveniente” que se convirtió en un hito de la lucha contra el cambio climático (luego supimos que tenía intereses económicos en el sector).

Ciertamente, la ganadería no se menciona como una de las responsables de la hecatombe, pese a que cada año en Colombia se deforestan 290 mil hectáreas de los casi 40 millones que hoy se usan para esta actividad, siendo aptos para ella tan sólo la mitad. Este sector genera en el mundo 18% más gases de efecto invernadero que todo el sector transporte (FAO, 2011).

Confieso que al salir de la película, emocionada por la belleza de las imágenes, sentí molestia por el confort de quienes sienten que nada de eso les incumbe y arguyen que bastaría con que el Estado le mermara un poco a la destrucción o destruyera “de manera sostenible”.

En cambio, creo que si tomáramos la decisión de sacar a los animales de nuestros platos y vivir de forma austera, en conexión con el mundo natural del que hacemos parte como una especie animal más, ayudaríamos a proteger y revivir la magia salvaje que hoy nos llena de orgullo.

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