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lagarto

Publicado en Publimetro Colombia
[Septiembre 23 de 2015]

El tema ambiental está en boga. Por estos días se celebra la cumbre del clima en Bogotá como escenario preparatorio de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, París 2015. Hace una semana el tema fue “Colombia Magia Salvaje”, y apenas ayer vivimos en Bogotá la “Gran movilización en bici por la justicia climática”.

Entre tanto, el gobierno nacional reporta un desabastecimiento de agua en 90 municipios del país y 71 incendios forestales causados por la sequía nos dejan el corazón en cenizas: 76 mil hectáreas de bosque nativo han sido arrasadas y con ellas el hogar y las vidas de miles de animales. Los cuerpos de unos, calcinados por el fuego, y los de otros, deshidratados por la sed, deberían bastar para hacernos revisar y cambiar lo que estamos haciendo mal. No todo es cambio climático, pero todo el cambio climático es nuestra responsabilidad.

Sin embargo, el domingo en la noche sentí que hay esperanza. Un programa periodístico presentó un interesante informe sobre un movimiento social llamado “freeganismo”, cuyos integrantes y activistas demuestran con su ejemplo que es posible bajarse de la loco-motora consumista. Estos jóvenes libres (free) y veganos (no consumidores de animales ni de productos derivados de su agonía) lideran la más eficiente y eficaz de las revoluciones, sin tanto aspaviento ni plataformas políticas: la de la humildad.

En Bogotá, estos rebeldes se vuelcan cada día a las basuras de Abastos, la mayor plaza de mercado del país, para recuperar una parte de las más de 100 toneladas de alimentos que se tiran al día. No por necesidad, sino como un acto deliberado y conciente de protesta contra el consumismo ¡Hay que ver los banquetes que se preparan! Todos, a base de alimentos vegetales que por una extraña inversión de pudores (nos asquea la austeridad pero no el derroche), terminaron en la basura pese a estar en perfecto estado.

Los “freeganos” saben que con lo que se desperdicia a diario en el mundo podría alimentarse a 3 mil millones de personas: 3 veces el número de las que hoy padecen hambre. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), producimos 4 mil millones de toneladas de comida al año, de las cuales arrojamos a la basura la mitad.

Estos jóvenes hacen, además, ferias gratuitas o “Gratiferias” que superan, incluso, el concepto de trueque: no hace falta llevar algo para tomar lo que se quiera o necesite. Practican sistemas solidarios de subsistencia y, por supuesto, son antinatalistas. Pero no son anti-sistema; son “anti-éste-sistema” (capitalista), como ellos mismos lo afirman, pues su apuesta es por un sistema de mundo justo y solidario, donde ninguna vida sea considerada o tratada como materia prima.

¿Qué tal si cada uno adoptara algo del freeganismo y le diera a su vida diaria un toque de austeridad y benevolencia? No es posible vivir sin causar impacto, pero sí buscando el mal menor (o el bien mayor).

¡Adelante las cumbres climáticas! Son necesarias. Pero si no cambiamos nuestras maneras de vivir, uno a uno, ni la mejor política ambiental podrá hacer cesar los incendios y las sequías que son apenas el síntoma del delirio consumista de la felicidad.

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