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Publicada en Publimetro Colombia
[Octubre 27 de 2015]

Enrique Peñalosa es el nuevo alcalde de Bogotá. Por su plan de gobierno, los próximos cuatro años podrían ser malos para los animales. Sus propuestas no se compadecen, en lo absoluto, con las situaciones irregulares, de maltrato y necesidades urgentes de los animales en la ciudad. Son escasas, retóricas, vacías e imprecisas.

Sin embargo, por sus declaraciones radiales del lunes en la mañana, los tiempos podrían ser buenos. De mantener Peñalosa la determinación con la que afirmó que haría lo posible para impedir el regreso de las corridas de toros a Bogotá, y extenderla a otros frentes, como el de las peleas de gallos, que también requieren de valentía e integridad política, los animales podrían tener alcalde.

En cualquier caso, quiero creer que “Recuperar a Bogotá”, lema de su campaña, no va a implicar un retroceso en la protección animal. Más aún, espero que el tiempo nos demuestre, a los escépticos, que con Peñalosa la agenda animalista avanzó, y que la pobreza de sus propuestas de campaña tan sólo se debió a falta de información. Quizás su visión de ciudad le permita comprender que debe atender las situaciones que vulneran las vidas de los animales, así lo haga remitiéndose a experiencias de ciudades extranjeras y no a quienes hemos construido un saber-hacer local. Al fin y al cabo, Peñalosa es un alcalde que ve en el “norte global” su derrotero.

Aún así, esperamos el acercamiento para ofrecerle nuestros buenos oficios en la orientación de la agenda animalista de Bogotá.

Rapidamente, les cuento: Peñalosa propone una posición contundente de rechazo al maltrato animal (faltaba más!), implementar la política pública de protección y bienestar animal ya formulada (es lo mínimo), poner a funcionar cuatro unidades móviles de esterilización para la “reducción de animales callejeros” (se nota la desinformación en el planteamiento), promover redes efectivas de adopción (en esto si que somos buenos los animalistas), cero tolerancia con el tráfico de fauna silvestre (sería el colmo tolerar un delito!), asegurar que no regrese la tracción animal (algo asi como prohibir lo prohibido), impulsar una conciencia colectiva hacia la protección y el bienestar animal (ay… educar) y celebrar la consulta antaurina (que el Concejo de Estado tumbó).

Me pregunto ¿Dónde están la alternatividad laboral para los comerciantes de animales de las plazas de mercado y la caracas, el cuerpo de investigación y rescate de animales víctimas de maltrato, los programas de bienestar para los más de 30 mil animales de la ruralidad, los servicios decentralizados de atención veterinaria gratuita y a bajo costo, el programa de control humanitario de la población de gatos ferales y palomas, entre un largo etcétera de acciones concretas y urgentes? Todos y cada uno de estos frentes, con sus propuestas, reposan en un documento.

Reitero mi esperanza de que estas falencias de agenda se deban a una mera falta de información y no de voluntad. Se que muchos animalistas, incluida yo, estaremos dispuestos a ayudarle a Peñalosa, si él lo permite, en la formulación y materialización de una agenda obligada para cualquier gobernante del siglo XXI.

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