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Publicada en Publimetro Colombia
[Marzo 29 de 2016]

Desde el 20 de marzo de 1985 se conmemora el “Día mundial sin carne”. Un evento promovido en sus orígenes para estimular la alimentación libre de crueldad, que ha ido ampliando sus motivaciones conforme se complejiza y hace más crítica la vida en el planeta. También, a la par de la difusión de una concepción más amplia de justicia que hunde sus raíces en la inteligencia, compasión y solidaridad de las que somos capaces los seres humanos.

 

Sacar a los animales del plato es visto por algunos como una necedad, a quienes no faltan razones para justificar un mero gusto del paladar. Sin embargo, son tan de peso los argumentos para al menos intentar disminuir su consumo, que la necedad es reclamar bondades para una alimentación cruel, insostenible e insolidaria.

 

El primero es la situación ambiental que hoy tiene en jaque a la vida en el planeta. La industria ganadera (vacas, pollos, cerdos, etc.) es responsable del 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero que generan el cambio climático, es decir, más de las que produce el sector transporte mundial. Además, consume el 8% del agua dulce disponible y contamina las fuentes hídricas 10 veces más que cualquier industria. La deforestación es prácticamente su responsabilidad: depreda el 30% de la superficie terrestre y el 70% de la superficie agrícola, lo que equivale a la tala del 70% de las tierras de la Amazonía (FAO, 2006).

 

La segunda es la injusticia en la distribución de recursos alimentarios. La ganadería consume el 60% del grano y el cereal disponible en el mundo. En otras palabras, las vacas, los cerdos y los pollos de los ricos se comen el pan de los pobres. Sacar a los animales del plato sería la mayor revolución solidaria para mitigar el hambre de buena parte del 14% de la población humana que hoy se muere por este motivo, del cual 6 millones son niños menores de 5 años.

 

La tercera es su salud. Cada vez más asociaciones médicas reconocen y demuestran la relación entre el consumo de animales industrializados y enfermedades cardiovasculares, arteriosclerosis, cáncer, diabetes y obesidad. Según la Asociación Médica Americana, una dieta vegetariana previene entre el 90 y el 97% de las enfermedades cardíacas. Ciertamente, es su decisión. Pero el costo de la salud es asunto de todos.

 

La cuarta es la crueldad inherente a esta industria que anualmente martiriza y cobra la vida de 150 billones de animales sentientes (FAO, 2003). Sus prácticas de confinamiento y muerte son tan violentas como lo requiere la orden de producir la mayor cantidad de carnes, leches y huevos de forma rápida y barata en la menor cantidad de espacio posible. El sufrimiento y estrés que la ganadería genera en los animales es tal, que lleva a la industria a adoptar medidas desquiciadas como la mutilación de partes de sus cuerpos y la ingesta de antibióticos para reducir su mortandad. Una sola persona alimentada a base de vegetales podría salvar 95 animales al año.

 

La manera como nos alimentamos debería ser cada vez menos un asunto personal. La falta de información ya no es excusa.

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