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tigre

Publicada en El Espectador
[Abril 11 de 2016]

Para los animales, el “libro blanco” de Peñalosa es un libro en blanco. Sus escasos pronunciamientos han sido meros anuncios políticamente correctos; sus actuaciones, erráticas. La única propuesta del secretario de salud amenaza la mayor conquista de la protección animal en Bogotá, mientras que el secretario de ambiente ha optado por engavetar el tema. El anuncio de una gerencia fantasma de protección animal le cayó como anillo al dedo para zafarse del deber que le otorgan dos acuerdos distritales y un decreto de la pasada alcaldía.

El primer pronunciamiento de Peñalosa fue el presagio de un gobierno flojo y efectista. Al decir que él sería el primero en salir a marchar por el regreso de las corridas de toros, dejó en claro que los animales no tendrían alcalde. Algunos celebraron la idea de verlo cargando pancartas con la consigna “Alto al maltrato animal”. Otros, en cambio, lamentamos su falta de mando (e inteligencia) para al menos decir que daría la pelea.

Luego el secretario de salud anunció la posibilidad de privatizar las esterilizaciones de perros y gatos. ¡Tremendo despropósito! La gratuidad y amplia cobertura de esta oferta pública, que hoy llega a los lugares más recónditos de estratos 1, 2 y 3, serían prácticamente imposibles de cumplir con operadores privados.

En cuanto a ausencias notables, brillan dos. La primera es la silla vacía que dejó la secretaría de gobierno en un evento académico sobre las competencias de las inspecciones de policía y alcaldías locales en la reciente ley que penaliza el maltrato animal. Hoy la inoperancia de estas entidades y funcionarios está salida de madres. No ha sido posible que asuman las amplias facultades –multas, rescates y aprehensiones preventivas– que les otorgó la ley para desactivar el maltrato cotidiano contra los animales. Llamar a una alcaldía local en busca de ayuda para un animal es toparse con la más exasperante burocracia.

La segunda es la nula mención a los animales en su anteproyecto de Plan de Desarrollo. Sin programas, acciones y metas, cualquier mención es mera demagogia.

Pero quizás, el mayor de sus desaciertos y “anuncios para la galería” haya sido, hasta ahora, el nombramiento de una gerente de protección animal para una gerencia inexistente: montaje que no ha hecho sino dejar el tema en una mayor orfandad. Hoy la secretaría de ambiente, que por norma tendría el deber de crear el centro de bienestar animal e implementar la política pública, por sólo mencionar dos de las tareas urgentes, insiste en que la atención a los animales domésticos no es de su competencia, sino de dicha gerencia fantasma. Es lamentable que para este show se hayan prestado “animalistas”, algunos de los cuales hoy ocupan cargos públicos.

Así están los animales en un gobierno para el que lo ambiental y la ética carecen de importancia. Al fin y al cabo, construir en la reserva Van der Hammen, donde habitan decenas de especies animales, y tener allí intereses privados, es “irrelevante” para el Doctor Peñalosa.

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