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Publicada en Publimetro Colombia
[Enero 23 de 2017]

En un gesto soberbio, revanchista y desafiante, los taurinos llamaron ‘Libertad’ al primer toro que masacraron ayer en la Santamaría, con motivo del regreso de su ‘fiesta brava’ a Bogotá. Acostumbrados a herir de muerte consensos mínimos sobre conceptos fundamentales para la convivencia en sociedad, como los de ‘derechos’, ‘minorías’ y ‘democracia’, en contubernio con políticos y magistrados, los taurinos ayer gozaron viendo sufrir y morir a ‘Libertad’.

No sabemos qué otros valores querrán atormentar. ‘Esperanza’, ‘Amor’ e ‘Igualdad’, podrían ser nombres para otros de los 29 bobinos que morirán asfixiados bajo la espada de ‘Justicia’, como seguramente llamarían, si pudieran, a la puya, las banderillas, el estoque y los demás instrumentos de matar. Ojalá no llamen a ninguno ‘Colombia’ o ‘Paz’.

A ‘Libertad’, un mamífero dotado de sistema nervioso, sensible al dolor y el sufrimiento, como nosotros, los taurinos se lo parrandearon por tercios.

La pica, primer arma metálica cortopunzante de 9 centímetros, le atravesó las vértebras, le rompió las costillas, le perforó los pulmones, le lesionó la médula espinal y le desgarró músculos, ligamentos, tendones, vasos y nervios que le causaron, en conjunto, las primeras lesiones anatómicas y alteraciones metabólicas y neuroendocrinas suficientes para inhibir su movilidad y respiración.

Las banderillas, arpones de 6 a 8 centímetros con contrapesos decorados con papelitos de colores para disfrazar sus aristas afiladas –así como los taurinos disfrazan con verborrea sobre ‘ritual’, ‘arte’ y ‘sacrificio’ lo que no es más que una carnicería–, continuaron desgarrando sus músculos y perforaron su cavidad torácica, produciéndole asfixia por la invasión de sangre a sus pulmones.

El ‘estoque’, una espada curva de 80 centímetros de longitud, terminó de romperle los pulmones, generarle anoxia y hemorragia y le seccionó la vena caudal y la arteria aorta.

Para rematar, el ‘descabello’, una espada similar al estoque, seccionó su médula espinal. La puntilla, un cuchillo de 10 centímetro de hoja, le provocó parálisis general y muerte por asfixia. La sangre que le vimos expulsar por boca y nariz, pasó del pulmón a los bronquios y de allí a la traquea.

‘Libertad’, como la libertad que deberían tener los toros a vivir en paz y morir de viejos y millones de animales violentados en espectáculos y negocios ruines, murió por asfixia: el efecto que producen sobre otros, generalmente vulnerables e indefensos, quienes usan y abusan de sus derechos para llevarse por delante la vida y los intereses del que sea.

Hoy la Corte Constitucional tiene en sus manos una nueva oportunidad para proteger a los animales de la violencia gratuita y avanzar en el camino de la igualdad moral. Se trata de una demanda contra las excepciones de la ley que penaliza algunas conductas de crueldad contra los animales (ley 1774 de 2016), debido a las cuales se autorizan espectáculos como las corridas de toros, riñas de gallos y corralejas.

Nuestra expectativa es que la Corte retome la sentencia de 2010, en la cual avanzó en consideraciones tan importantes como reconocerles a los animales su condición de ‘seres sentientes’ y declare inexequibles las excepciones en virtud de la libertad. No la de los taurinos a torturar y matar, sino la de los animales a no ser torturados y a vivir y morir dignamente y en paz.

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